El Madrid castizo, tuvo sus mitos y sus héroes, seres relevantes que fueron el referente de la vida cultural y del ocio de los madrileños, motor de los hilos de su vida diaria: músicos, literatos, toreros, compositores, aristócratas, pintores, artistas, artesanos, y un largo etc. de personajes. A ellos se debe el Madrid auténtico, el estilo castizo, el modo de vida de ese Madrid que añoramos y admiramos.

Muchos de estos ilustres personajes destacaron por su oficio y se hicieron populares gracias a su trabajo, a las labores que salían de sus manos, héroes populares que trabajando para subsistir realizaban sin saberlo una labor que quedaría grabada en lo más profundo del costumbrismo de esta ciudad para después traspasar fronteras.

Este fue el modo de vida del maestro Borreguero: guitarrero, maestro de maestros, artista y artesano, que para sobrevivir económicamente fabricaba desde la más exquisita guitarra de concierto hasta el más sencillo laúd de rondalla. El casticismo madrileño encontró un elemento más de referencia en los instrumentos que salían de sus manos; instrumentos que alegraron el espíritu de las gentes de aquella época.

Como decía la coplilla...
“Y en Madrid, por ser Madrid...
Bandurria de Borreguero
con caja de pera ancha;
si le añades un Laúd
de pulso y púa, rondalla.
El Laúd Bajo importante:
de Borreguero es su fama...”
El maestro Borreguero en 1917
MODESTO BORREGUERO ORTEGA.- Nació en Madrid un jueves, 15 de junio de 1892. Hijo de José Borreguero y de Carmen Ortega, su esposa, naturales de la ciudad de Pinto donde existe este apellido desde muy antiguo. Con doce años ingresó de aprendiz del prestigioso guitarrero Manuel Ramírez de Galarreta y Planell, en el taller que tenía en el número 10 de la madrileña calle de Arlabán. Fue en este taller donde aprendió su oficio, llegando a ser uno de los oficiales más valorados por su maestro. Allí conoció a otros dos discípulos, el conquense Domingo Esteso López y el madrileño Santos Hernández Rodríguez; los tres, serían, mas tarde, los pilares de la escuela madrileña de guitarreros, y de sus manos saldrían las mejores guitarras hechas en su tiempo.

Manuel Ramírez murió en 1916 y Borreguero, aunque joven pero con su oficio bien aprendido, se planteó crear un taller propio, como se puede ver en las etiquetas que mandó imprimir en 1917. No obstante, y a petición de la viuda de Rámirez, todavía trabajaría en el local de su maestro unos años más junto a Santos Hernández (Esteso formaría taller por su cuenta), colocando en sus trabajos la etiqueta “Viuda de Manuel Ramírez” y en un extremo un cuño con las iniciales MB para poder distinguirlas de las de su compañero.

Hacia 1920 cerró el taller que mantenía la viuda de Ramírez, y Borreguero y Santos Hernández buscaron camino cada uno por su lado.

El maestro Borreguero se estableció en el número 5 de la calle de Duque de Fernán Núñez. Fue en este lugar donde vivió su mejor época como constructor de guitarras. La mayor parte de su producción la enviaba a Sudamérica, principalmente a Argentina. En sus etiquetas colocaba con orgullo sus comienzos:
En otras sustituía la coletilla “Antiguo Oficial de Manuel Ramírez” por: “Único Oficial de Manuel Ramírez”

En 1916 casó con Amalia Marcos San Martín con la que tuvo dos hijos: Amalia y Enrique que también se dedicaría al oficio guitarrero.

No fueron muchos los años buenos, pues la Guerra Civil paró la producción de Borreguero obligándole a dejar el local donde trabajaba, al tiempo que moría su esposa dejándole con los dos hijos habidos en el matrimonio, lo que le entristeció profundamente. No obstante, salió adelante como mejor pudo y, después de terminada la guerra, pasó por varios locales hasta llegar al número 27 de la calle Zurita, en una habitación que alquiló en el piso bajo izquierda, con reja a la calle. Allí instaló sus herramientas durante algunos años.
Modesto Borreguero (el tercero por la derecha) en el taller de Ramírez de la calle de Arlabán.
Fue en esta etapa cuando comenzó a ganarse fama de guitarrero del pueblo madrileño, sus bandurrias y laudes sonaban en verbenas pasacalles rondas y tunas animando los tristes años de posguerra.

En esos años, la ONCE (Organización Nacional de ciegos de España) le encargó la construcción de todos los instrumentos de su rondalla: guitarras, laúdes, bandurrias, laudón, bandurria alta, guitarra bajo.
Borreguero con Hernández y Aguado. (Hacia 1932)